Libro “El Médano: La Quebrada Sagrada Changos de ayer, hoy y mañana”

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El libro de Carlos Cantero, Agustín Llagostera y Rodolfo Contreras, releva en 120 páginas el patrimonio de la cultura costera, que se expresa en la zona norte de Chile y se reconoce como cultura Changa. Consiste en generar un registro que constituya una base de imágenes digitales (HD), fotografías y videos, con las imágenes (petroglifos y pictoglifos) del sitio arqueológico El Médano, en comuna de Taltal, Región de Antofagasta.

Se trata del rescate patrimonial de una población milenaria y su proyección hasta nuestros días, poniendo en valor su identidad, patrimonio, simbolismo y vigencia de los Changos. Queremos contribuir a potenciar la identidad de este pueblo originario, poniendo este material gratuitamente a disposición de la comunidad local, nacional y global, exaltando el rico patrimonio vernáculo, único e invaluable, que constituye a El Médano, en el sitio de pictografías más importante del Pacífico Sur.

Con dicho material se elaboró un video y un libro digital que muestra una selección de las imágenes más representativas, las que serán interpretadas por especialistas, altamente calificados en áreas como: antropología, arqueología, geología, geografía, sociología y simbolismo.  Dichas obras seguirán un guion que relevará el patrimonio histórico cultural, la descripción e interpretación de la iconografía del arte rupestre y su relación con el mundo actual, para potenciar la identidad de la cultura Changa, en su proyección al contexto nacional y global.

Se dará una mirada general a la cultura de los Changos, que recibieron distintas denominaciones en la literatura: Puquinas, Camanchacos, Atacameños o Urus de la costa, cuya área de influencia fue desde el sur del Perú hasta Coquimbo en Chile. Pero, se hará foco principal en el entorno del sitio arqueológico de El Médano, que caracteriza un área que se extiende desde Paposo (por el norte) hasta la caleta Cifuncho (por el sur), en la Región de Antofagasta Chile. Se relevará el patrimonio material e inmaterial que se recoge en los rocosos murales pictográficos que definen la identidad, el simbolismo material y espiritual, la denotación del ser y estar en el entorno costero, la interacción humana entre el desierto y el mar, la adaptabilidad de esos ancestros a este duro entorno geográfico.

En ese encuentro de mar y tierra se produce una interface cultural, que por su rigor define una forma de ser y estar en ese borde marino por miles de años, que es generador de vida diversa y que genera una significación particular en sus habitantes, que les permitió enseñorearse en estos parajes. Las poblaciones primigenias en los estudios y dataciones son de 12 mil años antes del presente, ese sentido se recoge en sus imágenes, símbolos y abstracciones, testimonios de su patrimonio milenario, de sus relaciones humanas, con los seres marinos, en un arte de sentido espiritual que han plasmado en monumentales murales, en los paredones rocosos de las quebradas colgadas en la cordillera de la costa. Se trata de expresiones cargadas de simbolismo y sentido iniciático, sagrado, heroico, cotidiano, en pictografías vernáculas de la percepción primigenia. Un arte rupestre documental, que se constituye en portal témporo-espacial, que une el pasado con el presente y se proyecta al futuro del mundo Chango. Analizaremos sus variables sincrónicas, es decir su contexto témporo-espacial y las variables diacrónicas, lo que implica su contexto temporal a lo largo del tiempo.

En la Quebrada El Médano, entre los 1000 y 1700 (msnm) metros sobre el nivel del mar, se expresa el potente testimonio gráfico de una cultura ancestral, que supo vivir en la interface mar-desierto, que dejó el testimonio reflejado en una abundante pictografía, que en sí misma habla de su espiritualidad, de lo sagrado, de lo cotidiano, de sus técnicas  estilísticas, polvos minerales para hacer cada trazo (pintura)[1], de su vinculación con sus pares, con los animales, aves y especies que conformaron su entorno. Una semiótica que permite penetrar en las vivencias, hábitos y conductas, también nos permiten conocer las herramientas y tecnologías que permitieron su sobrevivencia en un medio hostil, que encuentra a lo cotidiano con lo sagrado, que representa la elevada espiritualidad y metafísica en las creencias y concepciones de estas comunidades.

Las relaciones de estas personas con los seres marinos y telúricos, que plasman en los murales, constituyen rica información patrimonial, los que complementados con la información que se obtiene de los conchales costeros, en las tumbas y sitios arqueológicos excavados, se constituyen en un libro de vida que testimonia detalles de su existencia.

La Cordillera de la Costa, es un espacio mágico y sagrado, sustentador de la vida, una barrera orográfica que delimita esa geografía y su clima, la influencia marítima hacia el desierto, las camanchacas (agua y temperatura) quedan bloqueadas y precipitan su carga hídrica en esos espacios altos de la cordillera costera, los que circulan por las fallas, fracturas y quebradas, hasta el borde costero, donde emergen como aguadas que sustenta la vida. A eso se agregan cíclicas precipitaciones según el régimen climático.

El entorno de los Changos es una geomorfología caracterizada por quebradas, aleros, cuevas, playas, terrazas (marinas) litorales, conos aluviales y deyectivos, las estribaciones y acantilados, farellones y afloramientos rocosos, lugares protegidos del viento y del sol en la interface costera, desembocaduras de ríos o cursos de agua (permanentes y cíclicos). En una geografía exigente y dura, las aguadas fueron capaces de sustentar la vida de esas comunidades que evolucionaron (por milenios) diseñando sus tecnologías, en un hábitat terrestre sustentable, con especies vegetales ambientadas y abundantes cactáceas, con guanacos, zorros, múltiples especies de aves, algunos reptiles terrestres (sauria) que alcanza sobre las 15 especies presentes en estos espacios, además de roedores.

Se trata de un ethos que definió la forma de ser y estar en el mundo de estas comunidades, que determinó sus usos y costumbres, pescadores, recolectores de mariscos y algas en el sector intermareal, cazadores terrestres y también marinos, para lo cual se valieron de anzuelos, arpones y redes, luego embarcaciones de piel de lobo, con las que acometían verdaderas proesas al enfrentarse con ballenas, tiburones, lobos marinos, atunes, delfines, tortugas, mantas rayas, entre otras especies que representan en su arte, técnicas, usos y costumbres que han llegado hasta nuestros días y que debido a la gestión del conocimiento y adopción de nuevas tecnologías, les permiten proyectarse con energía hacia un futuro promisorio.

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[1] Eso pone en valor la actividad minera de estas comunidades, en este caso los polvos minerales eran obtenidos en la Mina San Ramón, la primera registrada en Chile.